Un joven escritor intentaba acabar su novela en su departamento en Miraflores. Era casi la medianoche y en el segundo piso de una residencia de clase media, el novelista fuma, toma café y continúa escribiendo. Desde la oscuridad en la azotea se escucha el maullido de un gato que desconcentra al escritor.
Intenta volver a concentrarse, fuma, va por más café e intenta terminar. Luego de un momento se vuelve a escuchar otro maullido que termina por desesperarlo. Comienza a vociferar que se calle el bendito gato. Tras la persistencia de los maullidos coge un pisapapeles que le había regalado su abuelo y lo lanzó contra la oscuridad de la azotea, maldiciendo al felino.
Diez años después…
Él era un reconocido escritor con aproximadamente 38 años, trabajaba para France Press, un reconocido medio. Un día paseaba por las calles parisinas observando las tiendas de antigüedades, le gustaba mucho visitar esas tiendas. Entró en una para buscar lámparas, pipas, baúles entre otros. Un robusto señor lo recibió mirándolo son detenimiento, el novelista de pronto vio un pisapapeles idéntico al suyo, se acercó para verificar y se dio con la sorpresa que se trataba del suyo. Sorprendido volteó y le dijo al señor: “¿Qué hace esto aquí?”, quién con voz firme respondió: “no se acuerda, usted lo tiró”.
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